Nota preliminar: el
presente artículo se escribe con la intención de evidenciar que las
declaraciones de Viviane Morales, ex fiscal
y ex congresista, quien será la próxima ministra de educación del
gobierno de Abelardo de la Espriella, son peligrosas para la comunidad
educativa, pues al enunciar que una de
las políticas del nuevo gobierno
(2026-2030) será sacar de la educación a Marx y a sus ideas, pone de nuevo en
el centro del debate nacional la violencia política que han sobrellevado los
claustros educativos en el país en el marco del conflicto político, social y
armado.
El marxismo, un viejo enemigo
El anticomunismo en Colombia ha
sido una práctica política de Estado que data de los años de 1851, en la que,
en el marco de los debates entre liberales y conservadores acerca de la
abolición de la esclavitud, se hallaron afirmaciones como la esgrimida por el
conservador Camacho Roldán, quien se refería al gobierno liberal de José
Hilario López como una “pandilla de bandidos empeñados en destruir la religión
cristiana, establecer el comunismo y propagar la desmoralización de las
costumbres”[1].
Esta afirmación de Roldán parece
una paradoja, pues se hace a tan solo tres años de la publicación de “El
manifiesto comunista” de Karl Marx y Friedrich Engels del 21 de febrero de
1848, escrito que llegó traducido al español en el año de 1870 “cuando un
periódico de los trabajadores mexicanos publica por primera vez el Manifiesto
Comunista, mientras que solo en 1898 el público de habla hispana tuvo acceso a
El capital (libro I) a través de la primera traducción realizada en España por
Juan B. Justo”[2].
Es decir que, en Colombia las
ideas comunistas han sido perseguidas y atacadas acudiendo a argumentaciones
como las de mediados del siglo XIX, cuando se les acusaba de ser “destructoras
de la fe cristiana y desmoralizadoras de las costumbres”; consideraciones que
se dictaminaban 19 años antes de la
traducción del texto más importante de esta tradición de pensamiento al español
y a 68 años de la fundación del primer partido político en el país que se
declaró socialista, cuestión que sucedió hasta el año de 1919 en el mes de
agosto.
Tales ejemplos, indican un
fenómeno que se masifico producto del macartismo[3] del siglo
XX, demostrando que en Colombia la persecución a las ideas de Marx se convierte
en una tradición tan añeja como los partidos tradicionales, fundados por las
oligarquías y las elites en el país. Esta tradición, que como se puede
evidenciar mantiene sus acusaciones incólumes, le ha costado al país la
persecución, estigmatización y muerte física a miles de profesores, profesoras
y estudiantes que por el hecho de ubicarse desde orillas distintas a los
regímenes liberal-conservadores y mafiosos-paramilitares han sido objetivo
militar por parte del Estado colombiano y las fuerzas para estatales o
ejércitos privados de las elites políticas del país.
La violencia como consecuencia
de las políticas de eliminación educativa
La doctrina de seguridad
nacional, la política contra insurgente y la persecución al pensamiento crítico
han sido una constante al interior de los diferentes gobiernos nacionales desde
el comienzo de la formación republicana de lo que hoy conocemos como Colombia.
Estas decisiones de Estado, le han constado al país años de violencia que dejan
saldos devastadores para la nación en general y para las comunidades educativas
en particular.
Tales condiciones del conflicto,
se han vivido al interior de los espacios educativos como lo son las escuelas y
las universidades, lugares que se han convertido en espacios de alta
conflictividad en el marco del conflicto político, social y armado. En tanto,
la escuela y la universidad como lugares de pensamiento diverso, se han
convertido en enemigos del establecimiento y por ende del militarismo que lo
defiende.
Para identificar este fenómeno,
es importante recordar que de los 3.277 sindicalistas asesinados en Colombia
entre los años 1973-2020, se reporta que cerca de 1.000 fueron maestros y
maestras pertenecientes a la Federación Colombiana de Trabajadores de la
Educación (FECODE) y a la Asociación Sindical de Profesores Universitarios
(ASPU), y que a su vez, 767 estudiantes fueron asesinados en el periodo
1971-2011[4];
acciones que fueron perpetradas por las fuerzas militares, de policía y grupos
paramilitares que de manera recurrente y siguiendo las orientaciones de los
respectivos gobiernos de los periodos mencionados, convirtieron la escuela y la
universidad en un campo de batalla y en objetivo militar del plan contra
insurgente para aniquilar al marxismo en el sector educativo.
Este tipo de políticas, hacen
parte del necro-paisaje estatal en Colombia y no recaen solamente en los
hombros de políticos, militares y asesinos a sueldo, pues, como parte del
andamiaje anticomunista en los centros educativos también se encuentran las directivas
de las instituciones, que han servido de delatoras para que la persecución y
los asesinatos sean efectivos y delimitadamente selectivos.
Para ejemplificar esto, es
importante traer a colación el caso del ex rector de la Universidad Industrial
del Santander (UIS), Jaime Alberto Camacho Pico, a quien se denuncio por tener
conocimiento de un plan pistola dirigido a estudiantes y
profesores de izquierda orientado por paramilitares del grupo de las Águilas
Negras, por medio de una conversación que sostuvo con un integrante de esta
organización que fue grabada en julio del año 2007 y de la cual se vino a conocer
su contenido hasta el 2009; elementos que lo llevaron a ser investigado y
destituido por la Procuraduría General de la Nación[5], por no
informar oportunamente sobre el plan de asesinato contra maestros y estudiantes
que se orquestaba por parte de un grupo paramilitar contra miembros de la
comunidad universitaria. Este es uno solo de los tantos casos que se han
presentado en el país.
En este sentido, vale la pena
enunciar los que acaecieron sobre las instituciones de educación superior en la
costa caribe colombiana. Según versiones judiciales obtenidas del paramilitar
Salvatore Mancuso, se conocieron los planes para tomar las universidades por
parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en donde se especificó que
se ejercían presiones políticas y militares para influir en la elección de los
rectores y de las diferentes instancias administrativas de los claustros
educativos. Se encuentran referenciadas, la Universidad de Córdoba, la
Universidad de Sucre, la Universidad Popular del Cesar y la Universidad del
Atlántico[6],
centros educativos en los que se amenazó y asesinó a profesores y estudiantes
durante el periodo 1980-2011.
Las peligrosas declaraciones
del presidente electo y su ministra de educación
Ya son ampliamente conocidas las
declaraciones del presidente electo Abelardo de la Espriella y algunos miembros
de su campaña y gabinete, al referirse a la oposición no como un adversario
político, sino como un enemigo que debe ser destripado y eliminado, sobre el
cual recaerá todo el peso de la ley “a quince o veinte metros debajo de tierra,
sin sol y agua”, afirmaciones que no solo causan preocupación a un electorado
de oposición que representa la mitad de la ultima participación electoral, sino
que genera varias idas y vueltas sobre la historia política en Colombia, en la
que, declaraciones como estas han dado lugar a crímenes de lesa humanidad, como
el genocidio contra la Unión Patriótica, el Movimiento Político ¡A Luchar! y el
Frente Popular, los falsos positivos y el sindicalicidio al que se hizo
referencia.
Declarar como enemigos de las
buenas costumbres, la fe cristiana y la familia al marxismo y a los marxistas,
es, como ya se ha evidenciado en Colombia, una declaración de muerte. Implica
poner sobre los cuerpos de profesores/as, estudiantes y trabajadores de las
instituciones educativas, el fierro de las organizaciones paramilitares en su
frente. Implica volver a la política del miedo en las universidades y las
escuelas, a la censura académica y a la perdida de la tan luchada autonomía
universitaria; cuestiones que significan una clara violación al articulo 27 de
la Constitución Política de Colombia, que indica que “El Estado garantiza
las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra”.
Tal como la historia lo ha demostrado, la guerra contra la educación en el país no deja nada bueno. Que
estas declaraciones no nos devuelvan a los combates ya resueltos en la guerra
escolar desarrollada en 1876-1877, que el antidemocratico espíritu del presidente
electo y de la ministra de educación no hagan de los espacios educativos un
escenario de guerra sin cuartel, en donde se persigue al que piensa diferente,
porque de ser así, perderían la ciencia, el saber, la escuela y la universidad
como espacios de conocimiento que le permiten al ser humano reflexionar sobre
su realidad.
En tal sentido, para la academia
crítica es vigente una tarea que históricamente se ha ejercido con dignidad: la
de educar desde el pensamiento divergente, disidente y critico, que le permita
a los niños, niñas y jóvenes de este país preguntar sobre el mundo que los
rodea, entenderlo y cambiar lo que las injusticias no han permitido que cambie.
Esta es una tarea que no es fácil, pero que siempre se ha desarrollado con la
mejor de las actitudes morales e intelectuales y que ningún gobierno de
embusteros nos va impedir seguir realizando.
[1] Eduardo Peña Consuegra, El origen de la
burguesía en Colombia (Bogotá: Ediciones Los Comuneros, 1979), 32.
[2] Néstor Kohan, Marx en su (Tercer) Mundo:
Hacia un socialismo no colonizado (Bogotá: Ediciones Pensamiento Crítico,
2007), 36.
[3] Fue un periodo de persecución política en
los Estados Unidos a las ideas comunistas en el inicio del periodo histórico la
Guerra Fría. La estructuración de esta política de Estado fue liderada por el
senador republicano, Joseph McCarthy.
[4] Cifras que se encuentran en el informe
estadístico de la comisión de la verdad, el Centro Nacional de Memoria
Histórica y los informes preparados por el movimiento estudiantil y las
organizaciones sindicales.
[5] Colprensa, «Destituido exrector de la UIS
por no denunciar “plan pistola” contra estudiantes», Vanguardia, 28 de abril de
2015, https://www.vanguardia.com/area-metropolitana/bucaramanga/2015/04/28/destituido-exrector-de-la-uis-por-no-denunciar-plan-pistola-contra-estudiantes
[6] VerdadAbierta.com, «Algunas conexiones de
los paras de Jorge 40 en Cesar», Verdad Abierta, 5 de octubre de 2011,
consultado el 3 de julio de 2026, https://verdadabierta.com/algunas-conexiones-de-los-paras-de-jorge-40-en-cesar/

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