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Las elecciones en Colombia, una disputa contra el gobierno de los Estados Unidos/ Mauricio J. Avilez Alvarez

Del segundo turno de las elecciones presidenciales en Colombia, que aconteció el 21 de junio de este año 2026, ya se han venido haciendo algunos análisis para intentar entender y explicar por qué perdió el candidato del progresismo, del partido de gobierno, Iván Cepeda Castro, frente a un candidato de extrema derecha, que se intentó presentar como outsider, Abelardo De la Espriella. 

Sin embargo, hay un factor que se está dejando por fuera y que es muy importante evidenciar por su relevancia y por la forma en que se ha establecido como una estrategia de intervención imperial sobre Colombia y toda Nuestra América. Por lo cual es necesario afirmar que en Colombia la disputa electoral del partido de gobierno, Pacto Histórico, de los sectores de izquierda y democráticos del país no fue contra la extrema derecha colombiana; la disputa se hizo contra el gobierno de los Estados Unidos. Ese pleito electoral estuvo bajo la dirección del secretario de Estado de ese país, Marco Rúbio. 

Esto en un contexto de un país que tiene una democracia procedimental, en la lógica schumpeteriana (Schumpeter, 1961); pero que en sus instituciones no consigue darle sustantividad y profundidad, por lo cual más que una democracia se ha desarrollado como un régimen electoral. Pero, que en los últimos años se inició a construir elementos para ampliar la participación ciudadana y mecanismos de control. Por lo cual, también, está en disputa la construcción democrática o el retroceso y estancamiento en un sistema procedimental que solo funcione para legitimar a los representantes políticos de las clases dominantes.

Pero aquí quiero detenerme en el papel del gobierno de los Estados Unidos en estas elecciones.

La campaña electoral del gobierno estadounidense

La elección presidencial en Colombia tomó una dimensión geopolítica por la injerencia del gobierno de Estados Unidos, cuando su presidente Donald Trump expresó su respaldo públicamente a la candidatura de Abelardo de la Espriella. En una publicación en Truth Social, el 2 de junio afirmó:

Como presidente, Abelardo tendría un éxito tremendo al liderar a Colombia para hacer crecer la economía, crear empleo, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, tomar medidas enérgicas contra el crimen y las drogas, y restablecer la ley y el orden (Brooks, 2026).

Dicho apoyo estuvo acompañado por manifestaciones favorables de diversos gobiernos y líderes de extrema derecha del continente. El 29 de mayo del presente año, dos días antes del primer turno, el presidente de Ecuador ya había anunciado que, en caso de ganar, el candidato de la extrema derecha eliminaría los aranceles que había impuesto a Colombia (Noticias DW, 2026). Todas las manifestaciones de apoyo presentaban la posibilidad de un ambiente de cooperación con una posible presidencia de este candidato y condenaban en distintos niveles al gobierno de Colombia y a su candidato presidencial. 

Esto ayudó a generar más polarización en Colombia, frente a las dos candidaturas de la segunda vuelta electoral. A lo que se le sumaron otros aspectos que ya estaban presentes, como el uso de las redes sociales para generar miedo y crear un voto chantaje en el electorado; de la misma forma que lo hizo el discurso fundamentalista cristiano con la tendencia cristofascista al mostrar al candidato De la Espriella como un elegido para salvar al país de supuesta corrupción moral. 

Ya para el continente la elección colombiana quedó presentada como una disputa estratégica para el futuro político de América Latina. Por lo que, más que simples pronunciamientos de solidaridad ideológica, esas expresiones configuraron un proceso de legitimación internacional del candidato conservador y situaron la contienda colombiana dentro de una confrontación regional entre proyectos políticos antagónicos. En este sentido, la elección dejó de percibirse únicamente como una competencia interna para convertirse en un episodio de la disputa por la hegemonía política continental.

Al lado de esto, cada vez se fue evidenciando la participación directa en la campaña electoral del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Un hecho gritante fue la detención en suelo estadounidense del influenciador, activista y excandidato al congreso de la república, Franklin Humberto Coral Garrido, más conocido en las redes sociales como Beto Coral. Este influenciador venía mostrando una postura muy crítica contra sectores de la extrema derecha colombiana y, dentro de estos, contra el candidato De la Espriella. En uno de los periódicos de tendencia conservadora del país informaron que, según “El Reporte Coronell de Caracol Radio, uno de los agentes que lo arrestó le habría preguntado qué hizo; Coral dijo que ‘ha cumplido la ley’ y el agente le habría dicho que su orden de arresto provendría del secretario de Estado Marco Rubio” (El Colombiano, 2026). Beto Coral es un preso político en Estados Unidos.

Desde el mes de abril se había anunciado que el gobierno de los Estados Unidos, por primera vez en la historia, sería observador del proceso electoral a la presidencia en Colombia. El Consejo Nacional Electoral emitió un comunicado del 16 de abril donde afirmó que “la autoridad acreditó oficialmente a la Embajada de los Estados Unidos en Colombia y a sus delegados mediante la Resolución 2090 del 16 de abril de 2026, tras una solicitud formal presentada por la misión diplomática” (SWI, 2026). Según esa misma fuente, por lo menos 86 miembros de la embajada de ese país participaron como observadores internacionales en los comicios.  

En el mes de mayo, el senador estadounidense del Partido Republicano, Bernie Moreno, en visita a Colombia, afirmó que “los colombianos tienen que votar como si el futuro de su país dependiera de ello. Nunca he visto una decisión más dicotómica”. Apuntando que si se tomaba la decisión equivocada en las elecciones, se daría un debilitamiento institucional y quedaríamos a merced de supuestas amenazas como Cuba, Venezuela o Nicaragua. “Si Colombia, Dios no lo quiera, toma el camino equivocado, todos los malos actores que hoy están en Cuba, Venezuela y Nicaragua se trasladarán a Colombia”. Por lo cual, si el resultado electoral mostraba una supuesta influencia de actores ilegales y ganaba el candidato de gobierno, Iván Cepeda, posiblemente el gobierno norteamericano no reconocería el resultado electoral en Colombia y estaríamos ad portas de suceder lo mismo que en Venezuela: “Ya tuvimos que intervenir militarmente en Venezuela para arreglarlo” sentenció (González Toro, 2026). 

Además de esto, el día de las elecciones del segundo turno, 21 de junio, el candidato de la extrema derecha Abelardo De la Espriella estaba acompañado en la ciudad de Barranquilla por dos senadores del Partido Republicano de los Estados Unidos. Hechos que evidencian aún más la fuerte injerencia. 

Otro aspecto que acompañó la construcción discursiva fue el fundamentalismo cristiano, también dirigido desde el gobierno de los Estados Unidos. Según el portal de noticias La Silla Vacía, la campaña De la Espriella creó una estrategia “de fe”, combinando “un lenguaje explícito para la población evangélica y la narrativa de que él es ‘un enviado de Dios’ para ‘salvar a Colombia’” (La Silla Vacía, 2026). El pastor Marco Acosta, concejal de Bogotá, lo nominó como “el Ciro de Colombia” a sugerencia de Paula White, quien es la asesora espiritual del presidente de Estados Unidos y tiene oficina en la Casa Blanca. Ciro el Grande fue el rey de Persia que fundó el Imperio Aqueménida y es considerado el libertador de los judíos del cautiverio babilónico y el encargado de reconstruir el Templo de Jerusalén, esto en el siglo VI antes de nuestra era.

Con todos estos elementos se fue generando un voto de chantaje o por miedo, que estuvo muy dinamizado por todo el bombardeo que hizo la campaña de De la Espriellla en las redes sociales. Esta campaña contó con más de 10 mil grupos de WhatsApp (Beltrán, 2026). Ese voto se refiere a una dinámica electoral en la que la decisión del votante no se basa principalmente en la adhesión programática o en la confianza en un proyecto político, sino en la percepción de amenaza ante un posible escenario considerado negativo. En este tipo de voto se induce la elección de la alternativa que se presenta como “mal menor”. El sufragio se desplaza desde la afirmación de preferencias hacia una lógica defensiva, donde el miedo opera como mecanismo de movilización y disciplinamiento político. Esas situaciones son acompañadas de una fuerte polarización y mucha desinformación. 

En ese contexto, la circulación de apoyos explícitos o simbólicos desde figuras políticas internacionales —como el respaldo del presidente de Estados Unidos, así como pronunciamientos de otros liderazgos de la derecha continental— operó como un insumo narrativo que reforzó la idea de una elección “crucial” entre estabilidad o amenaza. A esto se suman las injerencias de actores como Marco Rubio, la presencia de observadores internacionales de Estados Unidos, de los senadores del partido Republicano y el tratamiento mediático de estos hechos, que en conjunto pueden contribuir a la construcción de un clima de alta tensión electoral. En ese escenario se construyó el voto chantaje alimentado de una narrativa de urgencia y amenaza que reconfiguró el campo de decisión de muchas personas en el país.

A todo esto hay que sumarle un último elemento que tiene mucha similitud con lo ocurrido en el proceso electoral peruano, donde también se impuso con muchas dudas y cuestionamientos la candidata de extrema derecha, y es el voto en el exterior en las distintas embajadas y consulados. Pero toma mucha relevancia el voto en los Estados Unidos, lugar donde el influenciador Beto Coral, antes de ser detenido, venía haciendo llamados de atención por la posible compra de votos a favor del candidato De la Espriella. En este país, la participación fue del 62,8%, con más de 220 mil votos, de los cuales hay una diferencia de 138.699 votos a favor del candidato del gobierno de los Estados Unidos, Abelardo De la Espriella.

Por esto, la elección presidencial en Colombia, como campaña electoral, no puede ser comprendida únicamente como una disputa de un proyecto de nación que buscó dar continuidad a un proyecto político y a la construcción democrática, en el liderazgo de Iván Cepeda, como expresión de los sectores subalternos, contra un proyecto de las clases dominantes en una candidatura de extrema derecha. La disputa electoral ocurrió entre un proyecto político de nación de las clases subalternas y el gobierno de los Estados Unidos. 

Así lo muestra ese escenario atravesado por múltiples formas de intervención política, mediática y simbólica a nivel internacional y nacional. La participación directa e indirecta de actores del gobierno de los Estados Unidos, junto con el respaldo de figuras de la derecha continental y la activación de narrativas de amenaza y seguridad, contribuyó a configurar un clima electoral profundamente polarizado. En ese contexto, la disputa democrática se vio tensionada por dinámicas externas que incidieron en la orientación del voto y en la legitimidad de las opciones en contienda.

Estos elementos no pueden entenderse como fenómenos aislados, sino como el resultado de una articulación compleja entre injerencia geopolítica, estrategias de comunicación digital, fundamentalismo religioso y producción de incertidumbre política guiada desde el gobierno estadounidense. Recuérdese que, después de violar la soberanía de Venezuela y de secuestrar al presidente de esa nación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la reedición de la Doctrina Monroe. La disputa electoral en Colombia fue contra el gobierno de los Estados Unidos y las que vendrán en Nuestra América también tendrán que enfrentar al imperialismo. 

Referencias

Beltrán, Jonathan. Autopsia de una derrota anunciada: los errores que llevaron a Iván Cepeda del favoritismo al fracaso. Cambiocolombia. 23 de junio de 2026. Recuperado de: <https://cambiocolombia.com/elecciones-colombia-2026/articulo/2026/6/errores-ivan-cepeda-elecciones-abelardo-redes-constituyente >. Acceso 24 de junio de 2026.

Brooks, Darío. "Es un honor darle mi apoyo": el polémico respaldo de Trump a Abelardo de la Espriella de cara a la segunda vuelta de las presidenciales en Colombia. BBC, 3 de junio de 2026. Recuperado de: < https://www.bbc.com/mundo/articles/c3d2gx7r3kyo >. Acceso 25 de junio de 2026.

El Colombiano. Nuevos detalles de la detención del activista Beto Coral en Miami, ¿Marco Rubio dio la orden? El Colombiano. 17 de junio de 2026. Recuperado de: < https://www.elcolombiano.com/colombia/captura-beto-coral-reporte-coronell-elecciones-FK37793152 >. Acceso 25 de junio de 2026.

González Toro, Saray. EE. UU. Podría no reconocer resultados de elecciones en Colombia si se comprueba intimidación al sufragante: Bernie Moreno. El Colombiano. 20 de mayo de 2026. Recuperado de: < https://www.elcolombiano.com/colombia/ee-uu-podria-no-reconocer-resultados-elecciones-colombia-intimidacion-sufragante-IF36776583 >. Acceso 24 de junio de 2026.

La Silla Vacía. La estrategia electoral y religiosa de Abelardo de la Espriella - Huevos Revueltos con Política. La Silla Vacía, 26 de febrero de 2026. Recuperado de: < https://www.youtube.com/watch?v=FnS-VGQ9lqI&t=41s>. Acceso 24 de junio de 2026.

Noticias DW. Presidente Ecuador dispuesto a eliminar aranceles a Colombia. DW. 30 de maio de 2026. Recuperado de: < https://www.dw.com/es/presidente-ecuador-dispuesto-a-eliminar-aranceles-a-colombia/a-77353010 >. Acceso 25 de junio de 2026.

Schumpeter, Joseph. Capitalismo, Socialismo e Democracia. Rio de Janeiro: Fundo de Cultura, 1961.

SWI. Estados Unidos será observador de las elecciones presidenciales de Colombia el 31 de mayo. Swissinfo. 23 de abril de 2026. Recuperado de: < https://www.swissinfo.ch/spa/estados-unidos-ser%C3%A1-observador-de-las-elecciones-presidenciales-de-colombia-el-31-de-mayo/91301178 >. Acceso 24 de junio de 2026.

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