Hace 50 años fue asesinado el líder socialista Jorge Rodríguez

Tomado de Diario Vea

El 25 de julio de 1972, apareció sin vida y con signos de brutal tortura, el cuerpo de Jorge Rodríguez, quien había sido arrestado el día 23. El fundador de la Liga Socialista e impulsor de una nueva concepción en la relación de las dirigencias revolucionarias con el pueblo se convirtió en pocos años en referencia para un renucleamiento de corrientes izquierdistas que venían de sufrir una derrota estratégica en la lucha armada de los años 60 del siglo XX venezolano.

Organizador del pueblo

Tras una intensa reflexión en torno al aislamiento de los grupos revolucionarios que venían de la lucha armada, algunas corrientes e individualidades de la izquierda venezolana, como el caso de Jorge Rodríguez (p), aun confrontando a reducidos grupos que persistían en expresiones aisladas de lucha armada, incursionaron con nuevos enfoques para entender, acompañar y liderar al pueblo en su demanda de reivindicaciones y derechos, frente a los poderosos.

Jorge, manteniendo su postura radical antiimperialista, cubrirá el tránsito hacia la base popular, sindicatos, organizaciones de barrio, liceos y universidades, con sorprendente eficacia, en tiempos en que otros liderazgos se estancaban en el debate por el debate mismo, o diluían sus posiciones en términos coyunturales, sin abordaje programático de la realidad venezolana. Y ello en medio de un escepticismo cada día más creciente de la población, defraudada por los logros históricos del modelo puntofijista.

Liga Socialista

Evidentemente el proyecto en construcción de Jorge Rodríguez padre, significaba la posibilidad de atraer a su campo de activismo, tanto a círculos de antiguos militantes del MIR, como a noveles cuadros juveniles, laborales y campesinos, así como a dirigentes de numerosos barrios que adherían el proyecto de articular movilizaciones reivindicativas con un programa de lucha política desde las bases del pueblo.

En todo caso una rápida capacidad de penetración, aunada a contextos históricos en los cuales se manifestaban aún rezagos del foquismo armado, mantenían la actividad de Rodríguez bajo escrutinio del status puntofijista que le vigilaba, en sus pasos como dirigente político.

Así, la insurgencia de la primera Liga Socialista en los años 70, mostró su acierto en poco tiempo al crecer en militancia. Eventuales expresiones de cuadros provenientes de la izquierda radical, a quienes eventualmente pudieren relacionarse con el promisor líder socialista que operaba en el marco de la institucionalidad pública, en ningún caso daría sustento a prácticas violatorias de los derechos humanos, del signo que fuesen.

Terrorismo de Estado

Durante su primera Administración (1968-1974) Carlos Andrés Pérez, disfrutando de una inusitada bonanza de los ingresos petroleros, expresaba la alianza de poder tradicional en el país, dentro de un modelo que privilegiaba a la banca, al sector de la oligarquía importadora, a la jefatura de los cuerpos de seguridad y a altos mandos de unas Fuerzas Armadas que atendían los dictámenes de la Guerra Fría derivados del Pentágono y de Escuela de las Américas para los ejércitos de América Latina.

De allí las respuestas ofrecidas por el entonces ministro del Interior, Octavio Lepage, cuando los reporteros le interpelan sobre las circunstancias de la muerte del líder que por entonces organizaba sectores de trabajadores y los barrios, fue: “(…) cuatro agentes lo habían sacado -a Jorge Rodríguez, de su calabozo en la Disip- sin autorización” (rueda de prensa del 26-07-1972). Tales palabras reflejaban el desespero del alto gobierno por zafarse de su directa responsabilidad en el asesinato. Varios centenares de militantes que se oponían a los distintos gobiernos del período puntofijista, terminaron desaparecidos en los denominados teatros antiguerrilleros, o sus cuerpos terminaron apareciendo sin vida. Y los casos más notorios fueron los de Alberto Lovera, Fabricio Ojeda y el propio Jorge Rodríguez.

Huellas

La tortura y la violación de los DDHH, venían siendo desde 1959, a contrapelo de la Constitución del período, práctica usual de los organismos de seguridad. A comienzos de agosto de 1976 serían detenidos, por orden de un Tribunal Militar, dos diputados del Parlamento nacional, desconociéndose de modo flagrante la Carta Magna de 1961, vigente para la época. De acuerdo al entonces diputado José Vicente Rangel, el cadáver de Jorge Rodríguez “tenía huellas de increíbles torturas, quemaduras de cigarrillo en las piernas, y marcas de electrodos en todo el cuerpo” [http://gumilla.org].

En varias ocasiones el presidente Nicolás Maduro hubo de recordar que los verdugos de Jorge lo colgaron envuelto en unas colchonetas, para caerle a batazos. En medio de esas torturas, sufrió un infarto.

Su legado

Jorge Rodríguez fue casi el único dirigente revolucionario de los años 60, después de Fabricio Ojeda, que logró descifrar el enigma de la dura transición que debía recorrer la izquierda armada, para reinsertarse en la lucha política del país, siempre en acompañamiento con el pueblo, sus dolores y movilizaciones.

La obra y pensamiento de Jorge Rodríguez, su honestidad y capacidad de organizar al pueblo, contribuyó a la forja de conciencia crítica, que desde 1999 alienta el carácter antiimperialista de la Revolución Bolivariana.



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